No es falta de esfuerzo. Es falta de sistema.
Vas a eventos. Construís relaciones, una conversación a la vez. Cada café, cada reunión te deja algo valioso: un contacto que podría, en algún momento, convertirse en negocio.
El problema no es que no generes suficientes contactos. Es que no tenés dónde ponerlos a trabajar. Las tarjetas se acumulan en un cajón. El WhatsApp se llena de conversaciones a medias. Y esa oportunidad que parecía prometedora hace tres meses — la que "iba a retomar la próxima semana" — ya se enfrió, sin que nadie se diera cuenta.